Mi textoteca interior

Cuando trabajo con los docentes en talleres de promoción de la lectura, generalmente les pedimos que narren su autobiografía lectora. Bueno, yo también hice la mía...

Esta soy yo, leyendo a los 4 años un libro muy aburrido...
Cuando era chica vivía en un pueblo muy pequeño. Alrededor había campo, casas diseminadas, una comisaría, una escuela primaria y otra secundaria donde mis padres eran docentes. Ese contexto fue propicio para que aprendiera a leer a los 3 años con tablitas de madera en las que mi mamá dibujó las letras; como no había guardería me la pasaba entre las aulas. Lo primero que leí fueron esas tablitas. Mi recuerdo más nítido y lejano es de cuando me llevaron a la ciudad a visitar a mi abuelo “el sabio”, un francés muy estricto y distante, y me dieron el diario La Nación que él leía habitualmente para que le leyera en voz alta y así se sintiera orgulloso de su nietita. Lo que más recuerdo es que esa situación me generó mucho temor y me sentía muy incómoda. Creo que así fue como empecé a entender la importancia de la lectura, era algo serio, algo de los grandes, algo que dejaba de ser divertido, dejaba de ser sólo un juego.

Pero antes, durante y después de ese momento inolvidable, recibí lecturas en voz alta, relatos y canciones por parte de mis padres y mis abuelos. Mi papá era un gran lector y un escritor incipiente. Nos leía antes de dormir con una vela, porque en esa época teníamos sólo algunas noches luz eléctrica, historias de indios y vaqueros norteamericanos. Mi mamá siempre nos contaba el mismo cuento antes de dormir, mientras nos abanicaba con un diario por el calor cuando se cortaba la luz, era la historia de los tres chanchitos desobedientes. Siempre pedíamos la misma historia, creo que hasta hartarla, es que cada vez le salía una versión distinta, y eso era lo interesante. No sé si estos cuentos llegaron después o antes de los de vaqueros, pero son inolvidables, me refiero a los “Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga. Cómo nos reíamos con el loro pelado, cómo me intrigaron las picaduras de las corales en las patas de los flamencos, cómo me maravillaba cada vez que imaginaba a la tortuga gigante… Cuando empecé la carrera de Letras había un taller de ingresantes, la profe que coordinaba nos dio como consigna relatar qué nos leían cuando éramos niños. Todos nombraron títulos de cuentos clásicos más bien europeos, yo dije "Cuentos de la selva" cuando fue mi turno y, lamentablemente, porque fue muy frustrante, la profesora se burló de mí como si le estuviera mintiendo. Me quedé muda, sentí que era un pecado que me hubieran leído eso y no "Caperucita Roja" o "La bella durmiente"…

Así veo yo al loro pelado de "Cuentos de la selva" de Horacio Quiroga

Mi papá siempre me compró revistas Billiken y Anteojito; religiosamente íbamos a la ciudad más cercana todas las semanas a proveernos de material de lectura para todos porque no había librería ni canales para ver en la tele, sólo un par del Paraguay, pero con una programación muy pobre. Teníamos tantas revistas de todo tipo que ya no teníamos donde guardarlas: National Geographic, revistas de diseño de casas, Patoruzú y Patorucito, historietas de Disney, de autos, de todo un poco. Sólo en las vacaciones íbamos más lejos a ciudades más grandes y pasábamos por librerías ¡de libros!, entonces volvíamos con varios cada uno bajo el brazo. Recuerdo una vez que fuimos a Brasil y yo lloré, chillé, patalée para que me compren, aunque estuvieran en portugués, las historietas de el Pato Donald y sus tres sobrinos, y otra de Mickey y sus tres sobrinas. No sé cómo hice, pero me las leí en portugués y las entendí, eran tan copadas que no me las quería perder. Los libros que más disfruté fueron los de una trilogía llamada “Ami el niño de las estrellas” de Enrique Barrios, porque fue mi primer contacto con el amor en la literatura. Desde entonces sólo quería leer novelas de amor para niños y jóvenes, y mi papá me daba el gusto.

"Ami, el niño de las estrellas" de Enrique Barrios (Tomo 1 de una trilogía)
En mi adolescencia Cortázar fue crucial, "Rayuela" era mi biblia. Cuando ya me decidí por estudiar Letras descubrí la Filosofía, leía mucho, me gustaba, nos juntábamos a discutir conceptos filosóficos, escribíamos, publicábamos, era un lindo ambiente intelectual, eso fue en Salta. En esa ciudad hay un hermoso parque donde se toma el teleférico al cerro San Bernardo, por ahí cerca hay muchas casillas donde venden libros usados, descubrir ese lugar me convenció de que si en Salta se vendía libros usados en la plaza, era un buen lugar para vivir. Ahí me compré muchos libros, los que mejor recuerdo son "Romancero Gitano" de García Lorca porque tenía una profe de literatura española que realmente te hacía amar lo español; y un libro de Platón con varias obras antologadas donde leí la teoría de la caverna, la definición del amor homosexual como estrategia para la guerra que me sorprendió mucho, la amenaza que representaba la cultura escrita para la memoria de los pueblos, entre otras cosas. Mientras, trabajaba gracias al francés, lengua en la que también leí muchas revistas y un libro inolvidable y difícil: “Colomba” de Merimée. Trabajé  en hostales salteños que se llenaban de jóvenes de todas partes del mundo. Ese intercambio fue muy rico, incluyó libros, relatos de viajes principalmente. Una vez se me enamoró un belga y me regaló un libraco en francés que había leído mientras cuidaba gatos monteces en la selva boliviana, lo guardo como un tesoro insólito, pero todavía no lo leí.

"Rayuela"de Julio Cortázar
"Vagabundeando en el eje del mal" de Juan Pablo Villarino

No puedo olvidar "Memorias del fuego" de Eduardo Galeano. La trilogía completa siempre estuvo en la biblioteca de mi casa, pero sólo me gustó el tomo 1, "Los naciemientos", que cada tanto vuelvo a leer. La historia de América contada otra vez desde un punto de vista latinoamericanista, hizo que existiera este blog, con este nombre: "Chica latinoamericana".

Llegó mi turno y viajé a dedo hasta Ecuador con un novio que había publicado sus propios libros de relatos de viajes (en algunos aparezco porque antes ya habíamos viajado juntos). A él le fue muy bien, por suerte, y sigue viajando por el mundo y escribiendo. Durante ese viaje que duró meses, leí dos libros que "solté" en el camino, con un montón de mensajes escritos por mí en sus hojas, esperando que quien lo encontrara me escribiera un e-mail, pero eso nunca ocurrió, igual todavía no pierdo las esperanzas, porque dejé muchas huellas de ese viaje escrito en esos libros, ojalá algún día vuelva a verlos, siento un poco de nostalgia al haberlos abandonados así, a uno en una "gasolinera" de Máncora, Perú, a otro en un bar de Copacabana, Bolivia. El primera fue"El albergue de las muejeres tristes" de Marcela Serrano, chilena, que me pareció muy triste para el viaje que estaba haciendo, pero de todos modos me dejó con muchas ganas de conocer la Isla de Chiloé en Chile; alguna vez iré a ver si la imagen de mi memoria en algo se parece a la imagen real de ese lugar. Ah, a ese libro lo compré en el parque de libros usados en Salta, que fue el primer lugar donde paramos cuando inició el viaje. El otro libro fue "El paraíso en la otra esquina" de Mario Vargas Llosa, cuando lo compré en una edición pirata en las hermosas playas bohemias de Máncora, Perú, todavía no era premio Novel. Ese libro me encantó, es el que más extraño, mezcla la vida de dos personajes, el pintor francés Gauguin, y su abuela franco-peruana Flora Tristán. Fue muy divertido viajar por Perú leyendo un viaje entre Oceanía, Francia y Lima. Encima a la vuelta volví a pasar por Lima y me encontré parada en la calle Flora Tristán! fue muy emocionante...

"El albergue de las mujeres tristes" de Marcela Serrano


"El paraíso en la otra esquina" de Mario Vargas Llosa


Mi papá también siguió escribiendo, pero no podía leer sus textos porque no podía separar la idea de padre de la de autor, no podía entender algunas cosas que mi papá escribía, y la realidad y la ficción se me confundían. Ahora, por suerte, ya puedo entender muchas de esas cuestiones, creo que he madurado en ese sentido, como lectora. Al menos un poquito.

"Como si todo fuera poco" de Humberto Hauff
Qué más… Antes, cuando era adolescente (lo fui hasta los 25 más o menos), “Rayuela” era mi texto sagrado, después de un tiempo, cuando tuve que volver a leerlo en la facu, dejó de producirme cosquillas en la panza, las otras obras de Cortázar tampoco me sacudían, y sentí como un desengaño amoroso literario.  Paradójicamente, Borges no me gustaba, cuando terminé de leer “Rayuela” había intentado leer a Borges, pero fue muy forzado porque no lograba disfrutarlo, y cuando tuve que leer nuevamente a Jorge Luis en la facu, el mismo año que releí “Rayuela”, me enamoré de Borges y pude disfrutarlo muchísimo. "El libro negro" de Orhan Pamuk me hizo soñar con Estambul, una ciudad llena de magia y misterio, y la elegí para analizarla en mi último seminario de literatura de la carrera de Letras. Amo esa obra, y el trabajo que me llevó leerla y releerla, y escribir sobre ella. Fue un vínculo muy intenso.

"El libro negro" de Orhan Pamuk
Hacía mucho que un texto, a pesar de que siempre leo, no me movilizaba tanto, y este verano me reencontré con la sensación de amor a un libro en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Haruki Murakami. Creo que hay un libro para cada momento de nuestras vidas, cuando ese momento ya pasó, tiene que reemplazarlo otro libro, al menos eso es lo que me pasa.

"Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" de Haruki Murakami


Desde el año pasado empecé a descubrir, gracias a mi trabajo, el mundo de la LIJ (literatura infantil y juvenil). Me maravillan los libros-álbum, especialmente aquellos que están realizados por verdaderos artistas y que parecen más para adultos que para niños. Tal vez porque uno no puede saltarse etapas en la vida, en algún momento las tiene que vivir, y como yo no tuve tantos cuentos para niños en mi niñez, ahora los estoy disfrutando. Lo mejor de la LIJ es el efecto de leer un libro en voz alta a un niño, compartir ese momento es realmente mágico, porque uno ve cómo va dejando una huella, y todos queremos dejar una impronta constructiva en esta vida. Es maravilloso. Cada día me enamoro más de la literatura porque siempre hay algo nuevo por descubrir en ella.

"Inmigrantes" de Shaun Tan

"El árbol rojo" de Shaun Tan

Acerca de la ficción

Me gusta mucho una definición de Bruner cuando se refiere a los mundos posibles. Él dice algo así: que la literatura y las narraciones en general, representan las vicisitudes de las experiencias humanas, y esa es la descripción sobre el concepto de ficción que mejor me satisface.

Eso de que la ficción es un simulacro de la realidad que conlleva cierta carga de verosimilitud, es una explicación muy interesante, muy aceptada, muy difundida; yo misma colaboro en su diseminación; pero en el fondo de mí tengo la sospecha de que no es más que una formalidad que sigue rigurosos métodos de investigación para tratar de explicar lo inefable. Siempre se opone ficción a realidad, porque el mundo occidental se basa en sistemas de oposiciones dicotómicas, pero en el fondo de nosotros, todos sabemos que la ficción forma parte de la realidad, y a veces ocupa un lugar privilegiado. 

Sin dudas, cuando hablamos de literatura, lo primero que hacemos es clasificar los textos ficcionales frente a los no ficcionales. Y no está mal, pero es sólo un método establecido para estudiar tantos textos que cargan en su entramado las vicisitudes de las experiencias humanas. Pero no debería ser el único, algún día se impondrá otro punto de vista para analizar esas cuestiones, otro enfoque, quizás. Por ahora nos basamos en que lo que es ficción no es real, pero no está ajeno a la realidad. Y si nos referimos a literatura infantil, con más razón recurrimos a esta clasificación, ya que los niños muchas veces necesitan saber, creer y reconfirmar que hay cosas que sólo suceden en los cuentos que no existen fuera de ellos. Por lo tanto, creo que es una definición necesaria.

Al respecto, el fin de semana estuve leyéndoles cuentos en vos alta a los niños en una feria del libro local. Dos amiguitos de 5 años se acercaron a mí para que les leyera cuentos de terror porque según ellos y sus padres, es el género que les fascina. Entonces les leí uno, después me pidieron otro y otro; ellos mismos los elegían. Yo les preguntaba si no les daban pesadillas, porque a mí sí me las producían, y uno me dijo: "Yo sí tengo pesadillas, ¡pero me encantan!". Sin embargo, cuando llegaban los momentos de mayor "terror", por decirlo de alguna manera, el amante de las pesadillas me preguntaba muchas veces muy preocupado: "pero eso no ocurre en la realidad, ¿cierto?, sólo en los cuentos ¿cierto?" y lo repetía muchas veces mientras yo pensaba qué responderle. Ese niño necesitaba creer en la ficción; entonces, yo le ofrecía esa herramienta para defenderse de sus temores. Y me creía, supongo que porque fui sincera con él, le enumeraba las cosas que sí formaban parte de la realidad y las que formaban parte exclusivamente de la ficción, y le aseguraba que yo, que había viajado mucho, nunca lo había visto, que eran sólo cuentos, y así podíamos avanzar en la historia; pero sólo así, creyendo en la ficción, y reconfirmándola.

Por eso un buen texto muchas veces nos interpela, nos atrapa, nos engancha, nos transforma, nos deja perplejos, porque generalmente toca esas cuestiones existenciales de un ser humano en su vida cotidiana, que son las que Bruner denomina "vicisitudes". La ficción nos ayuda a entendernos mejor, o a desconcertarnos algunas veces en que los textos nos incomodan.

* El gato de las fotos se llama Tito, ga-Tito. Es albino. El libro que devora es "Una caperucita roja" de Marjolaine Leray. Lo recomiendo para niños y grandes ya que es una versión muy novedosa y divertida.

Aventuras por el lejano oeste formoseño

Entre el 2009 y el 2010 tuve la oportunidad de vivir 9 meses en El Potrillo, Formosa, en una comunidad multicultural. Pasé inolvidables momentos. Acá quiero compartir uno de ellos. Con mi amiga montaraz, Rosa, recorrimos en moto un tramo que ella conoce bien, entre El Potrillo y La Banda, por unos senderos que usan  más que nada los pobladores locales y algunos contrabandistas que traen cigarrillos de Paraguay. Acá les mostramos la versión femenina de la aventura. Inolvidable, especialmente al final, donde verán esos enormes yacarés, para la úlitma foto ya me había quedado sin baterías, al menos pude registrar parte del centenar de lagartos que reposaban tranquilos a unos metros de nuestros pies, mientras tomábamos tererés templados a temperatura ambiente por falta de electricidad. Espero que les guste tanto como a mí volver a ver estas imágenes.

¿Qué es ser ciudadanos?


Me preguntaron qué creo que es ser "ciudadano". Esto fue lo que pensé:
Ser ciudadano es tener la obligación de cumplir con innumerables reglas (implícitas la mayoría, explícitas el resto) y compromisos para poder convivir en sociedad lo más armoniosamente posible; aunque sabemos que eso no siempre es "posible". A su vez, se supone que como ciudadanos tenemos derechos que intentan mantener en equilibrio, o lo mejor "posible", nuestra calidad de vida como seres humanos y seres sociales que somos. Resumiendo, el ciudadano se relaciona con reglas, que pueden ser obligaciones o derechos.

Una persona sola en una isla pienso que no puede ser ciudadana por sí sola, debería haber al menos dos personas para que se establezca esta identidad. Pienso que es una identidad que surge de una relación.
Además, como dice mi abuelo, un derecho nace sobre un deber cumplido. Aunque sabemos que en la realidad a veces cumplimos con muchos deberes sin recibir los derechos mínimos. Esto sería un caso de explotación ciudadana. El caso inverso es alguien que tiene demasiados derechos y que no cumple con obligaciones ciudadanas mínimas que busquen mejorar las relaciones sociales, esto ya sería un caso de "ñoquismo" o de ciudadano explotador.
Sabemos que en nuestras comunidades hay todo tipo de ciudadanos. Por eso la noción de ciudadanía podría estar estrechamente vinculada con la idea de diversidad.

Ser ciudadanos es ser parte de ese famoso "sistema" del que a veces queremos escapar o del que renegamos. Pero ese sistema es sobre todo una red de relaciones entre ciudadanos, que acuerdan -supuestamente- o que al menos comparten determinados modos de ser en el mundo que involucra a esas reglas. El ciudadano está atrapado en la red. Y teme la llega apocalíptica de una señora araña que lo devore. El ciudadano, en ese sentido, es indefenso y está siempre a la defensiva. En eso de estar a la defensiva, algunos se pasan de protestones y se olvidan que además de reclamar hay que ponerse a hacer cosas útiles. Ser ciudadano es ser útil dentro del sistema.

Creo que la única forma de escapar del sistema es yéndose uno a vivir solito a una isla. Pero esto me parece que tiende a deshumanizar a un sujeto. De alguna manera la ciudadanía tiende al humanismo.

Uno no elige ser o no ser ciudadano, así como uno no elige nacer. El ciudadano es un ser abyecto, y debe encontrarle sentido a su existencia como tal, ejerciendo lo mejor posible, según su visión del mundo, su propia ciudadanía. Uno no elige ser ciudadano pero puede elegir qué tipo de ciudadano ser en el mundo.

La democracia (un conjunto de ciudadanos) se vale del ciudadano para tener a quien echarle la culpa cuando un gobierno produce estragos en la sociedad, pero el ciudadano no es adivino, cuando elige a sus gobernantes se la juega, o juega con el azar, pues uno puede predecir lo que hará en el futuro otro ciudadano. El ciudadano súper dotado no existe. Sólo existen ciudadanos más justos en su rol y otros menos justos.

Como dice Habermas en su teoría de la acción comunicativa, la comunicación social tiende al entendimiento entre los sujetos, si no es así ya no se trata de una acción comunicativa, sino de una acción estratégica en favor de intereses individuales y no sociales. Hay mucho de estrategia en las acciones ciudadanas y hay menos acciones comunicativas en favor del entendimiento social. Creo que, en ese sentido, la lectura, la actividad de los ciudadanos mediadores de la lectura, es una acción comunicativa, que tiende al entendimiento social, o en todo caso, tiende a cosas buenas y bellas. Pero sin dudas, muchas veces, incluso cuando elegimos un libro en una librería, seguramente que algo de acción estratégica hay en nuestras decisiones como ciudadanos.
El ciudadano es una quimera, un ser imprecisable de muchas cabezas.



Hay muchas formas de construir ciudadanía, formas positivas y formas negativas, la presencia de los libros como transmisores de saberes culturales en la formación de un ciudadano, es una manera significativa de construir ciudadanos. No es vital, pero sí radical.

Podría decirse tanto más...

Yo construyo mi ciudadanía leyendo, y lo que más me gusta es leerles libros a los niños. Porque sé que es un regalo para muchos de ellos. No hay nada más bello que eso. Pruébenlo, los niños les agradecerán. Pero ojo, libros para disfrutar, no libros sobre derechos ni obligaciones... El ciudadano crece disfrutando.



Vuelos azules

Celestino (Thraupis sacaya)*

Me gustan mucho las aves. Últimamente he aprendido a prestarles mayor atención. Mi región está llena de aves, tanto es así que la próxima Reunión Argentina de Ornitología se va a hacer en Formosa, la ciudad donde vivo por ahora. Quiero compartir algunos avistajes que pude ir filmando en el campo. Estos son celestinos, algunos les dicen "naranjeros" pero esos son otros. Estos son bastante fáciles de ver, sólo hay que prestar mucha atención cuando anden por zonas arboladas.

Quiero aclarar que los cantos del video son agregados, los bajé de una página de ornitología, porque cuando los filmé estaban calladitos, compartiendo la rama con unos cardenales. El video es bien casero, en vivo son más hermosos. Lo que escucharán es el canto típico de estos pajaritos, aprender a reconocer el canto ayuda a encontrarlos para poder observarlos. La naturaleza está llena de tesoros como estos. Hay que apreciarlos y cuidarlos.

Muchas veces en los negocios de mascotas hay jaulas llenas de aves bellísimas y dan ganas de tenerlas en casa, pero si aprenden a observar la vida de las aves en libertad, nunca tendrán ganas de encerrarlas. No seamos tan egoístas, no compren aves, mejor cuidemos el ambiente para que vivan entre nosotros. Es más divertido salir a "cazar" con prismáticos o cámaras a estos animales que tenerlos todo el día en casa entre rejas.

El otro día abrí mi ventana en plena ciudad y había una pareja de celestinos en el árbol más cercano. No pude fotografiarlos porque se fueron muy rápido, pero esos momentos son mágicos. Qué bueno vivir en un lugar tan lleno de aves de todo tipo, incluso en la ciudad.



*Como no tengo una lente adecuada, no tengo buenas fotos de este pajarito, por eso la tomé prestada de la página de Aves Pampa donde pueden ver más fotos.


Observando Aves: chiripepés cabeza verde

-Por Cecilia Hauff

Desde hace un par de meses comencé a interesarme por aprender más sobre las aves;  así conocí a Ariel que trabaja con el apoyo de Aves Argentinas. Pero esta historia tiene un antecedente más lejano, como siempre, todo se remite a los orígenes: cuando era niña y vivíamos en un pueblito rural formoseño –Palma Sola-, mis padres habían iniciado un club de observadores de aves en el colegio secundario en el que trabajaban, fomentado por Bird Life. Así fue que recibieron una guía de aves de Argentina y Uruguay, por lo que veo muy popular entre los aficionados, y unos cuantos binoculares. 


Entonces no aprendí mucho, sólo acompañaba a realizar algunos censos. La verdad es que todavía me cuesta reconocerlas, diferenciarlas, nombrarlas, y verlas… porque debo confesarles que no tengo una buena vista a la distancia; además, mis tareas me impiden hacer salidas de avistajes más frecuentes. Hasta que por fin pude comprarme una cámara de fotos réflex  para empezar a registrar un poquito mejor mis aventuras esporádicas, pero para capturar aves todavía me falta una lente con mejor zoom, así que esta vez no prometo fotos muy buenas, aunque no puedo esperar más para empezar a mostrarles algunos hallazgos.


Chiripepé cabeza verde (Pyrrhura frontalis)


Todo comenzó una hermosa mañana de septiembre en la que con mi familia habíamos ido al campo a disfrutar de sus dones. Como andaba probando mi nueva cámara -comprada de contrabando en Asunción, después de años de soñar con ella- y mi hermano la suya, nos lanzamos a recorrer el montecito que tenemos frente al riacho Alazán, al sureste de la provincia de Formosa, en busca de tomas interesantes. Hay que agregar que, además de la cámara, había llevado los binoculares heredados del antiguo -e inconcluso- club de aves de mis padres, y la guía de aves. En un momento yo elegí un camino y mi hermano otro, como ocurre a menudo, aunque siempre terminemos más o menos en el mismo punto. 



Digamos que yo andaba a la pesca de aves por lo que estaba  más atenta a las alturas, cuando de repente, al ras del suelo, me llamó la atención algo así como una estrella fugaz verde cayendo dentro de un estanque seco. 

La estrella verdosa se perdió de mi vista en el hueco del estero. No tenía idea de qué podía ser, pero me fui acercando lentamente. Hasta que las manchas de color tomaron forma...


Iba acercándome lentamente al estanque para ver qué había en su interior, pues no lograba distinguirlo todavía, cuando de repente me di cuenta que, mucho más cerca de donde estaba enfocando, tenía un arbolito lleno de loros o cotorras, o algo así, y que lo que había visto al principio era uno de estos  plumíferos  preciosos que había descendido a alimentarse en el charquito. 


Me petrifiqué para no asustarlos, no estaban muy cerca, pero estaban bastante bajos y muy calladitos. Me miraban curiosos pero no se iban, que fue lo mejor de todo.

Estuve un rato fotografiándolos hasta que vinieron a compartir el hallazgo mi hermano y mi papá, y más tarde mi mamá, y con todo ese barullo los tipos no se asustaban, seguían en silencio observándonos. Incluso después, el vigía del grupo, se nos acercó más a controlarnos de cerca. Me pareció un acto muy valiente y arriesgado, pues vino solito hasta nosotros, que somos la especie más peligrosa de todas.


Ninguno de nosotros los reconocía, no eran cotorras ni loros habladores, que son los que vemos a menudo, y se los veía hermosos; ciertamente fue una visión inolvidable, un regalo de la naturaleza. Hasta que intenté acercarme más y más y los intimidé, se fueron volando en bandada, casi sin chistar. Pero nos dejaron algunas imágenes memorables.

Después los buscamos en la guía de Yzurieta y Narosky y no podíamos distinguir si eran chiripepés cabeza verde o chiripipés cabeza parda, porque la verdad es que las cabezas se nos hacían más bien verde-pardosas… Hasta que bueno, según la localización habitual de estas especies, pudimos decidirnos por los cabeza verde, ya que se encuentran en el NEA; los de cabeza parda andan más al oeste, en las yungas de Salta, Jujuy y Tucumán. Además, los de cabeza verde también se ven en Brasil, Paraguay y Uruguay, en selvas y bosques. Capaz que siempre estuvieron aquí, sólo que al ser tan calladitos no los distinguíamos de los gritones... Recién ahora somos capaces de verlos.


La guía también dice que estando posados son silenciosos, que fue lo que más nos llamó la atención, acostumbrados al lorerío gritón de nuestros montes. Si cantan emiten un agudo “chiripepé” grupal y complejo, dice la guía, no sé bien qué quiere decir eso, pero imagino que debe ser un coro con diferentes voces…

También leí en internet que nunca hay que alimentarlos con perejil, palta, chocolate, alcohol o azúcar porque morirían; no sé si es mito o realidad porque la fuente no era muy confiable, pero me pareció un dato curioso ya que mucha gente repite el dicho popular que dice que a los loros hay que darles caña, una agua ardiente local, para que aprendan a hablar. No sé si funciona, pero es un dato curioso. Además, el perejil es una hierba aromática muy poderosa entre los mitos populares, alguna vez me contaron que en esta zona las mujeres se introducen perejil en la vagina como un método abortivo. No sé qué tan gil será el perejil, pero que venga a matar un chiripepé tan hermoso es un afano, yo lo prefiero al pesto. O sea, lo que quiero decir con estos trabalenguas es que si a mí no me mata el perejil ¿por qué habría de matar a un chiripepé? Si alguien lo sabe, que cante... Me suena a mito, y lo mítico me apasiona, porque fíjensé que está también el chocolate, otro alimento poderoso entre las historias humanas, dicen que comer chocolate da corage, levanta el espíritu y genera la misma cantidad de endorfinas que cuando se hace el amor... Por qué mataría al chiripepé, tal vez por sobredosis de belleza. Sobre la palta no conozco historias, sólo sé que me encanta. En fin, lo cierto es que busqué mitos y leyendas sobre esta especie pero encontré nada, así que improvisé un poco con lo primero que encontré a mano.
Hasta pronto.


FICHA TÉCNICA
Nombres
El nombre “chiripepé” proviene de la palabra guaraní chiripepe, que procede de la onomatopeya del sonido de estos loros. El chiripepé cabeza verde también es conocido como chiripepé común, cotorra chiripepé y perico vientre rojo.

Características
El chiripepé cabeza verde es similar a la cotorra, pero bastante más pequeña. Mide 25-28 cm de longitud, y pesa 70-90 g. El plumaje es principalmente verde. Presenta una línea delgada roja en la frente, mejillas de color marrón claro, pecho y lados del cuelo con plumas verdes con bordes amarillos que da impresión de escamas, y una distintiva mancha de color rojo en el vientre. Las plumas remeras de las alas son azules externamente y verdes internamente; en cambio, las plumas de la cola son de color verde oliva con las puntas de color marrón rojizo. El pico es de color negro, con una cera blanca en su base, y presenta anillos oculares de plumas blancas. No hay dimorfismo sexual; sin embargo, la hembra es ligeramente más pequeña que el macho y presenta una mancha roja ventral más chica.
Para leer más sobre esta especie te recomiendo que vayas  Fauna de mi País, un blog bien completo sobre el tema, de donde extraje parte de la información de la Ficha Técnica.
Esta crónica fue publicada también en TAGUATÓ EXCURSIONES

Volví al monte y nos sorprendió una crecida feroz del río Pilcomayo




Reencuentro con mis alumnos, comenzaron las clases y tuvimos que trabajar el tema de la crecida del río Pilcomayo que nos afectó a todos y había mucha necesidad de hablar sobre el tema. Surgieron frases como "el río nos da, el río nos quita" o "la furia del río" en wichí, pero las palabras predominantes fueron "preocupación" e "incertidumbre".


Asamblea.


En una asamblea comunitaria wichí a la que asistí. Los niños miran las fotos proyectadas del río crecido. Cada vez que veían una máquina trabajando o un helicóptero decían todos al mismo tiempo: ooohhhh. Fue muy simpático ese momento.


Uno de los caciques lee un texto en wichí en una asamblea sobre la inundación, sólo entendí que le agradecía mucho a dios por su protección cuando se venía el agua (i'nat).

Desde el 27 de febrero estamos viviendo una crecida del Río Pilcomayo que produjo inundaciones, en El Potrillo estuvimos en emergencia, con el agua rodeándonos, pero por suerte la mayoría seguimos secos. Justo un día después de que llegué se rompió la barrera de defensa por la fuerza del agua y casi todos los foráneos (docentes y comerciantes) huyeron a las 3 de la mañana con las cosas que pudieron (pero regresaron unos días después), yo me quedé con la gente del lugar, fueron días inolvidables, únicos, pero no pude sacar fotos. Hoy fui a una asamblea con la gente de la comunidad wichí donde se proyectaron fotos del río y se habló de lo que está sucediendo. Nuestro pueblito se salvó gracias al trabajo que hicieron las máquinas para retener el agua, pero el peligro sigue, el agua nos rodea y amenaza a otras comunidades. Igual comenzaron las clases y vamos todos a trabajar y mis alumnos rindieron exámenes en medio del caos. Yo estoy tranquila, creo que no vamos a sufrir una inundación en el pueblo, aunque algunos digan lo contrario. Lo que he visto me tranquiliza. Y este fenómeno hizo que me decidiera a quedarme unos meses más por acá. Es una experiencia sociocultural muy importante, logró que me sientiera más unida a la comunidad, que me apropiara más de este pueblo que no quiero que se pierda en el agua ni con el agua... Tengo mucho que podría contar, pero hoy estoy cansada y tengo miedo que se caiga la conexión en cualquier momento.


El ejército tuvo que estallar dinamita para encauzar el río en algunas zonas


Me baño en una palangana verde manzana grande, ahí estaba esta araña enorme y peluda. Cada tanto me encuentro con un bicho periculosísimo de estos. Hay unos que se llaman Juanitas, anoche maté una Juanita y despidió un olor insoportable que tardó mucho en desvanecerse, dicen que si te pica te puede dejar internado; y si te pica un guanaco, ni hablar, son como garrapatas, a un señor le picó en los testículos y se murió. Cada cosa que pasa por acá, me hace pensar que es un Macondo lleno de cosas mágicas.
En las últimas noches pasa algo que nunca antes escuché, los perros lloran, no es que aúllen, sino que lloran como lo hacen los cachorros, y todos juntos a la vez, da miedito, la gente dice que es porque anda dando vueltas un Lobizón... chán. Yo por las dudas me tapo con la almohada y sigo durmiendo y no salgo a mirar.


Mi refugio. Me siento muy bien acá, en esta comunidad wichí, así que me voy a quedar unos meses más. La gorra no es del Che, es de la Che-chi.

No es una vida exhuberante, pero es una vida un poco rayada.
Mi nuevo hogar en el monte, una casilla de emergencia heredada de las inundaciones de los '80.

Bolivia, algunas imágenes para los impacientes

Estoy en La Paz, viajando sola y conociendo mucha gente en el camino, o sea que nunca estoy sola. Creo que si todo sale bien (tengo que hacer algunos trámites) en unos días voy para Brasil, pero no estoy segura todavía, las señales y las personas del camino me llevan hacia allá, la idea es cruzar desde Bolivia, parte del camino en tren, hacia el Amazonas... Waaaau.
Por ahora mando unas fotos sueltas respondiendo a los reclamos de amigos y familiares, no tengo mucho tiempo ni ocasión de conectarme a internet en Bolivia, pero ahora que estoy en un hostel con esas comodidades aprovecho.
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¡FELIZ CUMPLE NOEL!
Espero que lo disfrutes mucho, donde quiera que estén con Rosa. Voy a brindar por vos, por las dos, por su tramo de viaje juntas. Las quiero mucho.
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Y un homenaje a toda la gente que me acompañó en estos días...
¡Ah! No tengo foto de ese momento, pero en Copacabana me pasó algo re loco, me encontré con Naty, mi compañera del colegio, nos dimos un gran abrazo, ella iba hacia Perú (Buen viaje Naaaty!).
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No sé que más decir... Este viaje me está haciendo muuuy bien.
Sólo puedo decir que soy muy feliz en este momento y estoy muy agredecida con los que forman parte de esto.
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Cariños a todos. Quiero que sepan que pPensé fuertemente con mucho amor en el punto más sagrado de la isla en todos aquellos que llevo en la sala principal del mio coure. Espero que les llegue el eco.
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En Formosa recibí a Noel y antes de salir a dedo hacia Salta pasamos el día con nuestro amigo Dardo tomando cervecinhas, flotando en su pileta y cenando una rica pizza toda verde en la costanera de la ciudad. Antes paseamos por Laguna Oca y nos re-cocinamos bajo el sol. Así que el chapuzón en lo de Dardo ¡vino al pelo!

Al otro día (3 de enero) salimos a la ruta con el plan de hacer dedo hasta la frontera con Bolivia para ahorrar en pasajes. Acá uno de los amigos del camino, un taxista chamamecero muy amable y divertido.


En otro tramo viajamos en una chata llena de máquinas de campo con gente muy buena que nos invitó un inolvidable y reconfortante tereré de Sprite.


Otra vez a la ruta, de a poquito íbamos avanzando... Acá creo que era en Las Lomitas. Llegamos en tiempo récord a Tartagal y dormimos esa noche en Pocitos, lado argentino, para esperar a Rosa que venía también a dedo desde El Potrillo. Al otro día cruzaríamos juntas la frontera.

¡Amigos increíbles de la ruta! Una chica estudiante de medicina iba viajando con su padre y en todo el camino nos encontrábamos y nos saludábamos y re saludábamos, hasta nos convidaron gaseosa, ella estaba encantada de ver dos chicas a dedo, dijo que andar así era su sueño...

Un gran salto en el tiempo y en el espacio por problemas técnicos hasta Cochabamba, acá ya habíamos encontrado a Rosa y ya habíamos pasado una noche en Santa Cruz de las Sierras, en Bolivia.

Otro salto para llegar a La Paz, con Rosa en el Valle de la Luna, muy bello. Abajo las tres en el mismo sitio. Es un lugar muy cercano a la ciudad donde caminábamos muy lentamente debido a la altura, 3800 msnm.


Desde Copacabana a la Isla del Sol empecé a viajar sola pero enseguida conocí a un montón de gente linda! acá estoy con Gaby, una famosa acróbata brasilera del circo Teatro Mágico con la que compartimos cama matrimonial en la Isla el primer día de conocernos, es que las dos andábamos buscando alojamiento y ya no quedaba nada. Mis dos noches y sus días en la isla con Gaby y las personas que encontramos allí fueron increíbles, inolvidables, muy divertidos. Brasil y su gente se convirtieron en señales para mí.

En esta pequeña porción de tierra en el Lago Titicaca está el pueblito donde dormimos en la Isla, conocido como "la parte norte".

Paisajes maravillosos en la Isla del Sol.

Acá en las ruinas del Templo del Sol, un sitio de mucha espiritualidad y misterios. Atrás se ve la roca sagrada donde se hacían sacrificios de animales.

El sol se va a sormir en su isla...

Cena inolvidable de sopa de quinua con tres cordobeces, dos clombianas, Gaby y un montón de porteños que se renovaban, donde cantábamos a capella sin parar tomando un vino tarijeño.
¡Chau payasos cordobeces! ¡buen viaje! Nos quedamos las colombianas Janeth y Joyce, Gaby y yo, una noche más... Las colombianas y los cordobeces hacía una semana que acampaban en la isla!

Joyce, Janeth (colombianas), Ceci y Gabi (Brasil) en las ruinas del Templo del Sol.

Janeth y Joyce están haciendo mestrías en historia y ciencias sociales en La Plata, les queda un año más, tal vez nos volvamos a ver en Argentina! Por ahora espero verlas esta noche en La Paz para bailar salsa!

Con Janeth, una chica muy piola, en las ruinas de la Isla del Sol.

Caminando alrededor de la Isla del Sol, del norte al sur, con Gaby y un montón de personas inolvidables que encontramos en el camino. La caminata duró 3 horas y media y llegamos con ampollas y zapatillas rotas, já.

Con Gaby en una parte increíble del paisaje... Yo iba hablando portugués y ella se reía mucho...

En el camino al sur conocimos a tres brasileños de Sao Paulo y a Beto de Buenos Aires y al llegar a la meta los invitamos a brindar con una paceña y unas bananas como festejo. Gente inolvidable, vista paradisíaca.


En la parte sur hicimos un rejunte de turistas y alquilamos un bote para volver al norte porque los pies no daban más, mientras esperamos la hora de salida jugamos con una niña muuuuy terrible que me hizo de todo.

Con más amigos de Córdoba y Buenos Aires con quienes alquilamos el bote por una hora de regreso navegando hacia el norte donde estaba nuestro hotel.
Claro que esta historia continuará, por ahora hay que vivir el momento.
¡Hasta la próxima!